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Entre los ríos Tormes, al norte, y Tiétar, al sur, existe una serranía que preserva casi intacto la desnudez con que Dios la echó al mundo.
Es gredos, un territorio formado por gargantones, torreones, risqueras y cuchillares; un paisaje bravío en el que
Miguel Unamuno descubrió "un corazón desnudo de viva roca ".
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